Una Historia de Compras y Seducción




Que Londres es una de las ciudades más codiciadas entre fashionistas para ir de compras con un vuelo baratito, no es ninguna novedad (no). De hecho ya hablamos de ello en un post dedicado a la moda masculina londinense.


Si preguntas a alguien con una leve idea de comprar en la ciudad del Beefeater te recomendará sin duda como centro multimarca los almacenes Selfridges. Pero detrás de este lujoso centro comercial donde es posible encontrar prácticamente de todo, existe una historia de pasión y derroche; la historia de Harry Gordon Selfridge.

Harry (1864-1947), fue magnate de la venta. Nacido en Estados Unidos, quedó pronto sin padre, que tras la Guerra Civil, no volvió a casa y no porque muriera, simplemente optó por cambiar de vida, (como dicen en mi pueblo: "se fue a por tabaco"). Así que su madre mantenía a la familia gracias a un humilde sueldo de profesora.




Tras fracasar en sus exámenes de ingreso a la Academia Naval se convirtió en vendedor de libros, más tarde pasó a una fábrica de muebles y una aseguradora, hasta llegar a Leiter & Company uno de los almacenes más exitosos de Chicago. De vendedor pasó a asistente del director general de ventas. Después, se hizo responsable de publicidad, creando distintos eslóganes como: "el cliente siempre tiene la razón" y "dar a la mujer lo que quiere". En 1879, se unió como socio a la firma y durante los siguientes 25 años se abrió camino en una carrera comercial sin freno.



Se casó con Rosalie Buckingham (de los ricos Buckingham de toda la vida) y amasó una fortuna personal considerable. En 1906, la pareja decidió ir de vacaciones a Inglaterra. Harry, rápidamente se percató que las grandes superficies de Londres no habían aplicado las últimas tendencias en ventas utilizadas en EEUU y decidió invertir £ 400.000 en la construcción de su propia tienda en Oxford Street.


La nueva tienda, Selfridges, se abrió al público el 15 de marzo de 1909. La compra por diversión había llegado a la ciudad, y Selfridges se convirtió en el modelo a seguir por grandes almacenes. En ese momento, las mujeres comenzaron a disfrutar de la emancipación, podían pasear sin escolta por la ciudad, por lo que el astuto vendedor promovió las compras por placer y no por necesidad, y para ello se valió de publicidad pagada. 




Con seis hectáreas de superficie, ascensores de lujo, amplia terraza, biblioteca, salones de belleza, perfumadores, 21 escaparates, exposiciones de arte, conciertos orquestales en el restaurante Palm Court, salas especiales de recepción en francés, americano alemán, y clientes "coloniales" y una sala de primeros auxilios. Todas las comodidades destinadas a retener a los clientes el mayor tiempo posible. Y tanto despilfarro, hizo que pronto se convirtiera en la tercera mayor atracción de la ciudad, después del Palacio de Buckingham y la Torre de Londres. Selfridges era un lugar al que acudían las mujeres para pasar el día.


Harry Selfridge, era un genio absoluto en trucos publicitarios, el “showman” de las compras, lo mostró llevándose a sus almacenes el primer avión que cruzó el Canal para una exhibición pública, con lo que obtuvo titulares en prensa como: “Francia-Inglaterra-Selfridges”.


 Sin embargo, sus debilidades principales: las apuestas y bailarinas, aumentaron tras la muerte de su esposa, manteniendo una vida social más que activa con numerosas amantes, las más célebres fueron las hermanas Dolly, a quienes Harry prodigó su fortuna; las bañó en joyas, les alquilaba enormes casas que llenaba de plata, porcelana, cristal y alfombras de piel de chinchilla. A la casa de las hermanas de Dolly llegaban diariamente cestas enormes de flores y comida gourmet. Pero inevitablemente, toda esta historia de lujuria y lujo terminó en lágrimas.


Durante los años de la Gran Depresión, la fortuna del magnate disminuyó considerablemente. Los miles de libras en productos de lujo que tomó de la tienda nunca fueron pagados y treinta años después de su gloriosa apertura, Harry fue derrocado de su negocio en la sala de juntas. En 1947, murió en circunstancias difíciles.



Si su adicción a la buena vida, casas grandes y extravagantes provocaron su caída con un triste final, al menos el transcurso de ésta no fue tan malo, ¿verdad?

2 comentarios:

  1. ¡Me encantan estos tipos de post que haces!

    Que gran visión tuvo Selfridge con las compras por placer, todas hemos caído.

    Un beso,
    Marramiauuu

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    1. Gracias amiga!

      La verdad, es que yo siempre lo pienso... Por qué no se me ocurre a mí una idea así?! Por queeeeé?!

      Gracias por pasar por aquí! Beso

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