Versionando la “celebre” sentencia que le prodigó Mick Jagger que Madonna, abro este post con la todavía sorpresa en el cuerpo del fallecimiento de la artista Amy Winehouse, una vida llena de excesos que no podía finalizar de otra forma que no fuera precoz y trágica, como buen mito que es ya hoy.
Lo cierto es que a pesar de no tener una conducta ejemplar, se convirtió en poco tiempo en icono para muchos, abriéndose paso entre las más modernas tendencias por su marcado estilo.
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También fue imagen recientemente de Fred Perry, donde lucía ASÍ de recuperada y esplendida para la marca, aunque poco le duraron las buenas intenciones.
Su peculiar look, de moño alto y abultado siempre adornado por pañuelos, líneas gruesas e infinitas para los ojos, enormes y coloridos tatuajes o entubados vestidos que marcaban una esquelética silueta, fueron en multitud de ocasiones “carne de artículo” en editoriales de moda.
Nos explicaban cómo seguir su estilo, maquillarnos o peinarnos de forma similar, y muchos lo hicieron, fue fácil ver y reconocer esta tendencia por las calles de todo el mundo y estoy muy segura que perdurarán en el tiempo.
Marcó tendencia en la música, en la moda y en la calle.
Ayer se apagaba la voz, nacía la leyenda.





